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Sostenibilidad no es lo mismo que sostener

La infraestructura es un soporte: un camino, un edificio, un cable, un centro de datos. Mientras funciona puede ser casi imperceptible, pero está ahí. En el mundo digital, las infraestructuras son físicas y lógicas. Son los materiales, equipos, protocolos y códigos que hacen posible el almacenamiento y el tráfico de la información. 

Guaria Morada Orchid by Kira Simon-Kennedy (CC BY-NC 4.0)
Guaria Morada Orchid by Kira Simon-Kennedy (CC BY-NC 4.0)
Morning Glory by Kira Simon-Kennedy (CC BY-NC 4.0)
Morning Glory by Kira Simon-Kennedy (CC BY-NC 4.0)

¿Qué significa equidad y sostenibilidad en el contexto de las infraestructuras digitales?

Esa pregunta fue el punto de partida del grupo de trabajo sobre infraestructuras sostenibles durante el encuentro Green Screen que se realizó en Costa Rica del 9 al 11 de junio de 2023. La mayoría de respuestas apuntaron a la disparidad de poder alrededor de las infraestructuras: a quién pertenecen, cómo se financian, quién puede desplegarlas y mantenerlas, a qué valores y principios responden, cómo asegurar transparencia y responsabilidad respecto a la manera como se gestionan las infraestructuras, quién puede tomar las decisiones.

Durante la misma conversación, alguien apuntó cómo el término “sostenibilidad” ha sido utilizado por gobiernos y corporaciones para justificar la explotación del trabajo y de la tierra en beneficio del capital. Esto suscitó nuevas preguntas, sobre las que me quiero concentrar en este texto: ¿Sostenibilidad para quién, y para qué?, ¿acaso necesitamos otro término?, ¿o tiene sentido disputar el significado de este?  

Un estándar

Grandes cuerpos de estandarización técnica, como la IEEE o la IETF, cuentan hoy con programas de sostenibilidad que buscan generar indicadores para medir el impacto ecológico, tanto de las tecnologías que producen como de su propio funcionamiento organizacional, con el fin de reducir sus emisiones de carbono. Si bien estos son espacios de gobernanza multisectorial, es decir, donde participan la industria, las comunidades académicas, los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil, sus estándares son desarrollados principalmente por y para la industria, por lo que responden a intereses y capacidades muy específicas en términos de inversión requerida y escala.

Desde 2015, en la IEEE se han desarrollado estándares técnicos para calcular las emisiones de las infraestructuras, para desarrollar arquitecturas digitales energéticamente eficientes y para el procesamiento distribuido y eficiente de Big Data, entre otros objetivos. En IETF, que inició su trabajo en materia de sostenibilidad e impacto ambiental durante la pandemia por COVID 19, actualmente se encuentran en desarrollo al menos dos borradores: uno que propone un modelo de datos durante todo el ciclo de vida del manejo y operación de redes y otro que propone un marco para planos de control que consideren el gasto energético en grandes infraestructuras de datos.  

Algunas de estas iniciativas responden a regulaciones -principalmente europeas- que a su vez están alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por las Naciones Unidas en 2015 y, específicamente, con el Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Lo que se busca con estos estándares es una correcta medición, evaluación y reducción de la huella energética de las infraestructuras digitales que, en este contexto, juegan un doble rol porque, al tiempo que es necesario reducir su impacto ambiental y sus efectos sobre el clima, suponen una oportunidad de innovación única para alcanzar otros objetivos.

La idea de hacer sostenible el desarrollo tiene más de cuarenta años de historia y consiste en contemplar los impactos ecológicos del desarrollo sin cuestionar el crecimiento económico, algo que se contradice con la idea misma de “sostener”, en el sentido de “limitar el crecimiento”.

Así, no es sorprendente que en una región como América Latina, la sostenibilidad y la eficiencia energética sean una prioridad de los operadores de redes, muy por encima de otros asuntos como la seguridad en la red; o, que mientras vivíamos la pandemia por COVID 19, en 2021 la inversión privada en start-ups de tecnología haya aumentado casi tres veces con relación a 2019.

En un contexto generalizado de crecimiento del mercado digital, el desarrollo sostenible se manifiesta en reemplazar las fuentes de energía para las infraestructuras, utilizar modelos más eficientes para gestionar incuestionables -y también crecientes- cantidades de datos, y mantener la calidad de servicios cada vez más populares, como la transmisión de video. Mientras tanto, solo en América Latina, el porcentaje de población que teletrabaja se acerca a un 35%, principalmente en servicios profesionales científicos y técnicos, en educación y en servicios financieros.

Lantern Flower by Kira Simon-Kennedy (CC BY-NC 4.0)
Lantern Flower by Kira Simon-Kennedy (CC BY-NC 4.0)

¿Quién sostiene?

Desde la perspectiva del desarrollo la sostenibilidad debe ser ambiental, pero también social y económica. Y ante la inminente crisis climática, pareciera ser el único paradigma que nos permitirá salvar el mundo, pero ¿quién es exactamente “nosotros”? En los últimos años, se ha hecho cada vez más común la idea de que la Inteligencia Artificial (IA) es una gran solución para el desarrollo sostenible, y las ciudades inteligentes el escenario donde esta solución puede ser mejor desplegada, siempre que se consideren sus riesgos y se trabaje para que esta tecnología cumpla también con estándares de ética y privacidad.

Sin embargo, estas concepciones no consideran, por ejemplo, el impacto ambiental del entrenamiento de grandes modelos lingüísticos que sirven de base a muchas tecnologías basadas en IA, y que se espera ampliar para dar soporte a una diversidad lingüística mayor; o la precarización laboral que soporta el etiquetado de datos y la moderación de contenidos para hacer más precisos y éticos los productos de IA; o el persistente origen geográfico de quienes realizan este tipo de trabajo.

El paradigma de la sostenibilidad se basa en estándares y regulaciones, y así, se aleja cada vez más de la práctica de sostener que, por mucho más tiempo, ha estado presente en los pueblos que defienden sus territorios, en las mujeres que cuidan la vida, en las personas que resisten a la violencia.

Más allá de los compromisos corporativos, las certificaciones y los indicadores de impacto, voltear la mirada hacia el sostenimiento implica reconocer el trabajo invertido en el despliegue de las infraestructuras (digitales y no digitales) que dan soporte al sistema económico, social y ambiental en que vivimos.

Voltear la mirada hacia “quien sostiene” es mucho más que disputar el significado de una palabra como “sostenibilidad”. Permite re-centrar lo importante y concebir otras formas de promover las transformaciones necesarias para seguir habitando el planeta. Una infraestructura digital sostenible requiere poner en el centro a quienes la sostienen.


Juliana Guerra Rudas es aprendiz de sistemas de información y pone en práctica los principios tecnológicos feministas. Actualmente, es investigadora independiente y becaria IoR (2023-2024) en Article 19, y trabaja en estándares tecnológicos, infraestructuras feministas y prácticas de cuidado digital para contrarrestar los efectos de la violencia y la censura facilitadas por la tecnología.